Caer en la tentación

 En las primeras ediciones de Gran Hermano era fácil oír el comentario de la gente al respecto, diciendo que, ¿a quién podía gustarle un programa en el que lo único que se veía era a gente normal y corriente hacer su vida en una casa llena de cámaras? Y es cierto que aparentemente no se le veía el mayor interés, no parecía que aquello fuese a tener ningún tipo de emoción.

La inmensa mayoría de la gente decía no ver el programa, ni conocer a los personajes, a los que se les consideraba gente extraña, pues no les importaba exponer su intimidad ante los espectadores.

Pero, llegaron los primeros enfrentamientos entre los habitantes de la casa y aquello parece que cogió temperatura. Algunos ya comentaban con sus compañeros de trabajo las fuertes discusiones entre los concursantes y cómo tal o cual participantes había perdido los nervios, sacando toda la furia que llevaba dentro.

Con el programa de Tómbola, el primero de prensa rosa que cambió el formato, incitando a la discusión entre los periodistas y los invitados, pasó algo parecido: la mayoría de los telespectadores, en un primer momento decían que no les interesaba el contenido.

Sin embargo, hoy en día, ya no importa reconocer que ver un rato Sálvame o Donde Estás Corazón es algo que nos relaja.

Realmente ¿qué nos hace caer en la tentación? ¿Por qué se terminan viendo programas que, por lo general, no nos parecen buenos?

 Lo que atrapa de los reality show es precisamente que al estar durante tantas horas ante las cámaras, los concursantes dejan de actuar y se comportan como realmente son, sacando ante el público todos sus problemas y exponiendo sus frustraciones sin el menor pudor. Esta exhibición hace que el telespectador se vea reflejado en determinados momentos con los participantes, e incluso que llegue a minimizar sus propios problemas, porque en comparación con los que ve, no le parecen tan importantes.

 En los programas de prensa rosa pasa, más o menos lo mismo. Se tratan a personajes famosos, que en algunos casos son hasta envidiados por la gente de a pie, y sin embargo en este tipo de tertulias se exponen sus problemas. Es como si de alguna manera se humanizase al cantante o actor de moda y se pusiese al mismo nivel que cualquier persona que está viendo la tele.

 En el fondo no deja de ser una forma de desdramatizar los problemas que cada cual tiene en su casa y sabiendo, que también están en el resto de las personas, quitarles la importancia que el espectador le da al suyo propio.

 Esto, además se ve claro, en que en cada edición nueva de Gran Hermano o de cualquier reality, intentan mezclar a los personajes más contradictorios posibles para provocar esas reacciones tan fuertes pero quizás tan humanas. Igual que en los programas de prensa rosa, cuantos más enfrentamientos se produzcan y más “trapos sucios” se saquen de los invitados más interés produce en el público y mayor audiencia obtiene el programa.                                                                                              

Pronto, los psicólogos y psiquiatras los prescribirán como terapia de relax.

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~ por saramcr en abril 27, 2010.

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